Esta semana nuestro compañero de camino es San José cuya fiesta se celebra cada 19 de marzo.
San José es una figura amada por la gente de fe y ya eso es un milagro si consideramos que su nombre sólo se menciona en muy pequeños pasajes de las Sagradas Escrituras y nunca se ha registrado ni una sola palabra dicha por él.
Y aquello aún hoy en día nos enseña de manera sencilla lo que significa ser un esposo, un padre, un hombre de Dios, son sus actos en las Escrituras los que nos hablan mucho más claro que cualquier palabra registrada: su obediencia a Dios, su devoción a María, su amor a Jesús.
¿Y quién fue José? Fue un hombre que vivió en la tierra de Israel, hace más de 2000 años, nació en el seno de una familia judía, de la casa del rey David, lo que en sus tiempos significaba casi nada, ya que el pueblo de Israel admiraba al imperio romano.
Era un hombre normal, como cualquier otra persona, deseaba tener una familia, cumplir su trabajo, servir a Dios. El nombre original para su ocupación era “tecton”, término griego, que quiere decir un trabajador de materiales duros; suena bien que José fue un carpintero aunque también pudo haber trabajado la piedra o el metal.
En las Escrituras se le describe como “un hombre justo” lo que significa: alguien que hace lo que Dios quiere, que está cerca de Dios, que comprende que cumplir la voluntad de Dios es más importante que cualquier otra cosa.
Dios señaló muy claro a San José cuál sería su vocación, como el esposo de María y el padre elegido de Jesús. Fue llamado a ser una parte integral de la Sagrada Familia, un hombre del que podemos aprender no sólo como modelo de esposo y padre sino también como modelo de respuesta obediente y sincera al llamado de Dios.
La fuerza de San José radicó en su vida interior, fue ante todo un hombre de oración, y a causa de la intensidad de su oración y su silencio, su receptividad de Dios, su docilidad que permite que Dios obre en él, sólo por medio de eso fue capaz de desempeñar ese extraordinario papel para la Sagrada Familia.
Sería fácil olvidar que San José fue una persona real, y que afrontó la vida con los mismos desafíos, temores y dificultades que todos experimentamos. Pero fue su respuesta a estas dificultades lo que hizo de José un santo ejemplar para nosotros.
Existe una cita que recuerdo de un documental dedicado a San José que dice: "Todos los padres deben darse cuenta, que sus caras y corazones son la primera percepción que ofrecen a sus hijos del Padre eterno y eso representa una gran responsabilidad: combinar elementos como fortaleza y amabilidad, protección y paciencia..."
¡Que San José interceda por todas nuestras familias!
Jesús te ama y María también.
(Al hacer clic en PLAY, podrás escuchar un resumen de episodios dedicados a San José.)